don polo

Posted on diciembre 1, 2010

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Como soy un burgués voy a comprar pollo a un local cerca de mi casa. No lo crío, ni me lo provee el Estado. Voy, lo pido, lo pesan con huesos y pellejo y luego me lo dan preparado a mi gusto. Y como soy un burgués intento reducir la distancia social que me separa de Don Polo, el tendero, platicándole.  Institivamente temo que el silencio permita que nuestras diferencias crescan y aplasten mi corazón de manera impía. Cada segundo que pasa en silencio, mientras Don Polo maniobra con los músculos de un ex-animal y yo miro sus manos pequeñas y duras rasgando y machacando,  siento que todo lo que él no es me asfixia.  Así que le pregunto por qué lleva dos meses sin conseguir huevo para vender. La respuesta no me importa. Sólo quiero que la sombra de todo lo-que-Don-Polo-no-es deje de crecer y convertirse en un índice acusador. Quiero que nuestras palabras la aplaquen; la comunicación nos iguala, pienso. Pero él habla poco. No sé por que no hay huevo, tiene varios meses que escacea, el huevo grande. El chico, al patrón no le gusta y no lo compra y a mí me preguntan todos los días pero sólo digo que no hay. Por que la verdad es que no sé. ¿Y será que lo mandan a los súpermercados? Y Don Polo responde preguntándome cuál es la pechuga que quiero llevarme. Y la sombra crece y va adueñándose de los mosaicos de la pollería, léntamente, como agua sucia desparramada.

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