Mi James Bond particular

Posted on marzo 6, 2009

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Marco tiene bastantes años como para seguir en la universidad y es una exageración de radical. Demasiado pinche punk y anarquismo antifascista como para no ser un teatro. Como para no ser sospechoso. Así que hoy que me regala sus “cirueladas” voy y las tiro directamente al escusado. Ya quemé una revista y un disco con canciones de guitarrazos por estar convencido de que tenían micrófonos. Y estas cirueladas son pedazos de polvo comprimido demasiado parecidas a barras de crack como para no serlo. En el privado del baño abro la bolsa de plástico que las envuelve y las acerco a la nariz para sacar una primera conclusión. Tengo un flashback triste a mi época de preparatoriano y pienso en encendedores y aluminios; las cirueladas no huelen a nada. Mala señal. Su plan es bueno, hay que darle crédito. Pero Marco es un mal espía. Yo debía guardar el crack en mi mochila y dirigirme a casa. A mitad del camino una revisión de rutina daría como resultado a varios policías encontrándome en posesión de drogas duras. Pero hoy no, voy un paso adelante, Marco.

Aunque las cirueladas pasan la prueba del sabor, pura sal y chile. Tal vez son sólo ciruelas secas, micheladas portátiles como dice él. Se disuelven en la cerbeza, o las metes en una naranja. O las quemas y aspiras, pinche Marco. Como si la tira mexicana necesitara que yo realmente llevara crack como para armarme un desmadre. Uy joven, mire lo que trae: cirueladas. ¿No que muy limpio y muy estudiante? Si esto le lastima los pulmones, joven, y le cuece la cabeza. Y yo termino en el bote por unas barras de crack sabor sal y limón. No, la policía no necesita crack de a deveras para meterme en problemas. Si Marco tiene preparada mi detención, unas cirueladas colocadas estratégicamente en mi mochila son suficientes. Por eso se van al water, para que efervezcan y se hidraten. Y luego le jalo y se van a la verga. Junto con Marco, que es espía.

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Posted in: Paranoia