En este horror no hay literatura

Posted on febrero 16, 2009

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Fui al templo tecnócrata por excelencia. Mostré mis credenciales, respondí algunas preguntas. Intenté portarme encantador pero resultó más poderosa la timidez y su manía de dar vueltas al sombrero con las manos recogidas en el pecho, como una mántis pero triste.

Hicieron una propuesta tentadora mirándome con seriedad. Dije que no cortésmente y se ofendieron y se mostraron incrédulos e intentaron hacerme rectificar. Sentían haber perdido su tiempo. Ganó la política y me despidieron desde las puertas de sus oficinas como si me hubieran conocido largo tiempo.

Entonces me senté casi tres horas en su jardín y leí sobre las consecuencias de los defectos en la reproducción de la realidad en un filme. Una simpática anécdota relataba como Cecil B. DeMille descubrió el uso del claroscuro como herramienta para el drama. Su distribuidor, enojado, exigía de regreso la mitad del dinero gastado en la producción porque sólo la mitad de la película era visible y únicamente podría cobrar la mitad de la entrada. ¿Quién quiere ver una película cuyo actor de soporte es la sombra? DeMille, ofendido, responde que si no reconocen el chiaroscuro de Rembrandt cuando lo miran de frente, no es su problema.

La película se estrena con el slogan La primera película filmada con la técnica de claroscuro de Rembrandt.

Y cobran el doble por las entradas.

En contraste, yo pago el doble por mis pendejadas.

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Posted in: Paranoia