Henry Miller vivió en el error

Posted on enero 18, 2009

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Hoy decidí iniciar una batalla contra las vacaciones para ver si logro terminar Trópico de Capricornio antes de iniciar clases en mi universidad no-tecnócrata. Entonces disfruto treméndamente el libro durante gran parte del día hasta que me encuentro con esto:

“Luego, en el medio del puente, por ejemplo, en medio de un paseo, en el medio siempre, ya fuera de un libro, una conversación o el acto del amor, volví a tomar conciencia de que nunca había hecho lo que quería y por no haber hecho lo que quería se desarrolló dentro de mí esa creación que no era sino una planta obsesiva, una especie de vegetación coralina, que estaba expropiando todo, incluida la propia vida, hasta que la propia vida se convirtió en lo que se negaba, pero que constantemente se imponía, creando vida y matándola a un tiempo. La veía persistir de la muerte, como el cabello que crece en un cadáver, y, aunque la gente hable de <<muerte>>, el cabello sigue dando testimonio de la vida, y al final, no hay muerte, sino esa vida del cabello y las uñas y, aunque haya desaparecido el cuerpo y el espíritu se haya extinguio, en la muerte sigue alo vivo, expropiando el espacio, causando el tiempo, creando un movimiento infinito. Podía suceder gracias al amor, o a la pena, o al hecho de nacer con un pie deforme; ka causa no era nada; el conocimiento, todo. En el principio fue el Verbo… Fuera lo que fuese, el Verbo, enfermedad o creación, sobrepasaría el tiempo y el espacio, duraría más que los ángeles, destronaría a Dios, desengancharía el Universo. Cualquier palabra contenía todas las palabras… para quien hubiera llegado al desprendimiento gracias al amor o a la pena o a la causa que fuese. En cada palabra la corriente regresaba hasta el principio perdido que nunca volvería a encontrar, ya que no había ni principio ni fin. Así transcurriría en el tranvía ovárico aquél viaje del hombre y del sapo formados de la misma sustancia, ni mejores ni peores que Dante, pero infinítamente distintos, uno que no sabía el significado exacto de nada, el otro que sabía con demasiada exactitud el significado de todo, y , por tanto, perdidos y confusos ambos por entre principios y fines, para acabar, por último, transportados hasta Java o India Street, en Greenpoint, donde les harían entrar de nuevo en la así llamada corriente de la vida un par de golfas de serrín, con los ovarios crispados, de la conocida variedad de los gasterópodos.”

Y entonces me quedo maravillado por un momento ante el pasaje más impresionante que he leído jamás, empiezo a preguntarme por qué todas las otras veces que intenté leer a Miller lo abandoné, reflexiono sobre mis propias frustraciones, mis contemporáneos ignorantes y entonces súbitamente lo entiendo: ¡Henry… ni el pelo ni las uñas siguen creciendo después de la muerte! Así lo dice este señor:

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Seven Medical Myths

Ask your doctor how much water you should drink or why you couldn’t keep your eyes open after Thanksgiving dinner, and you’re likely to get the same misinformation your mother-in-law might dispense. A study published in the December 2007 British Medical Journal tweaked physicians on their acceptance of some widespread medical beliefs that might now be reclassified as old wives’ tales. Here’s a rundown:

Hair and fingernails continue to grow after death: This disturbing, gruesome image is pure “moonshine” according to forensic anthropologist William Maples, who was quoted in the BMJ study. However, he explained that dehydration of the body after death can cause retraction of the skin around hair and nails, giving the illusion that they have grown. All tissues require energy to sustain their functions, and no such thing is possible once the mechanism that promotes normal growth shuts down at death.”

Inmediatamente empiezo a sentir un poco de pena por el viejo Henry, que en ése punto de su vida, no sólo estaba frustrado sino también bastante mal informado.

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Posted in: Malaondés