The physical impossibility of art in the mind of a capitalist artist

Posted on diciembre 13, 2008

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He seguido con gran indignación la obra de Damien Hirst durante mucho tiempo. Principalmente por dos razones:

A) Porque sus instalaciones-o-lo-que-sean, se venden por millones de euros (pueden sumar las cifras si leen las noticias en este vínculo), y;

B) Porque su arte me parece francamente una pendejada.

En general no soy muy amigo del arte, odio los haikus y los performances, me gusta pegarles chicles a las instalaciones, usar flash en las exposiciones y comer cacahuates en las funciones de teatro. Pero nunca me enojo y jamás estaría dispuesto a cuestionar realmente a un artista por más genio-del-diseño que fuera.

Excepto a Hirst.

Quien según ésta noticia de mi periódico local, recurre a sus amigos millonarios para inflar el precio de sus obras. Lo cual es terriblemente indignante y me hace pensar inmediatamente en los  niños pobres que mi mamá traía a colación cuando no me quería acabar la sopa.

Los mercados mundiales se derrumban, pero Hirst vende un becerro en formol por 16 millones de euros y encabeza la lista de los artistas más influyentes.

Pero antes de empezar a despotricar en contra de Hirst, hice algo que no había intentado desde que llegó a mis ojos su obra: busqué su fundamento filosófico. La fabulosa Wikipedia ayudó con éste artículo, que utiliza como justificación para el trabajo de los artistas vanguardistas ingleses (young british artists, de los cuales Hirst es fundador y cuyo catálogo incluye una cama destendida en la que una escultora durmió durante un mes),  el concepto de “seen-as” de Wittgenstein, que muuuuuy burdamente puede ser explicado de la siguiente manera:

La porquería de arriba puede ser “vista como” una F, o puede ser “vista como” el reflejo de una F. Lo cual implica problemas ontológico-trascendentales (en realidad cualquier cosa puede ser uno de esos problemas) porque hay que tomar partido por alguna de las siguientes explicaciones:

– La porquería de arriba permanece igual y sólo la interpretamos de manera distinta, o;

– La porquería de arriba es algo diferente cada vez.

Wittgenstein dice que el dibujo es una cosa diferente dependiendo de si lo vemos como una F o su reflejo. Pensar que la porquería permanece igual implicaría confundir los conceptos ver e interpretar, lo segundo es una operación mental, lo primero no.

Pues bien, el artículo que justifica a los Young British Artists y a Hirst en particular, intenta respaldar su arte mediante esta idea de Wittgenstein, sus obras pueden ser “vistas como” objetos artísticos, o como simples cosas. Todo depende.

Ahora, el concepto de Wittgenstein no me resulta agresivo porque es “simple”, ya sea que nos presente una F rara, o su dibujo del pato-conejo (vean un poco más abajo), se trata de un sistema de signos sencillo. La cuestión de cómo uno elige entre las dos posibilidades de existencia del dibujo, permanece inexplicada por lo menos hasta lo que llevo del libro de Wittgenstein. Pero si de algo estoy seguro es que tal elección no está relacionada con un contexto artístico-mediático-super-pose,;escoger de qué manera existirá el dibujo para nosotros es una decisión totalmente libre. Miren el dibujo del pato-conejo, ¿si yo les digo que está tallado en una lámina de platino puro con una cuña fabricada a mano a partir de la madera más cara de los bosques ingleses, se inclinan por alguno de los dos animales? ¿O si les cuento que que el dibujo se expone en la galería más IN de Greenwich Village? ¿Verdad que no?

Mientras que ver esta imagen como un pato o como un conejo depende únicamente de los aspectos del dibujo en los que nos fijemos pasivamente, ver esto:

como una obra de arte, o verlo como una copia gigante de un modelo anatómico depende de algo mucho más complicado.

Es en ese sentido que me parece que el concepto de Wittgenstein está mal aplicado al arte de Hirst. Ver su obra como arte depende en gran medida no del observador, sino de la maquinaria generadora de dinero que se mueve alrededor de todos los YBA.

Hirst convence que su trabajo es arte exhibiéndolo en las galerías más caras, invirtiendo millones de dólares en la fabricación de sus piezas y consiguiendo que ricos pseudo-excéntricos las compren a precios obscenos. El poder de Hirst, en mi opinión es monetario, no artístico, y sus obras son valiosas más en el sentido de los materiales con las que están fabricadas que por el mérito artesanal que tienen.

Mi mayor problema respecto a la obra de Hirst es que para hacer una reflexión seria sobre sus méritos hay que enfrentarse primero a toda el peso de la onda farandulesca y escenosa que lo rodea, en lugar de poder centrarse en la obra como objeto de análisis independiente.

No soy un purista enemigo del arte progre y también se que es imposible aislar totalmente una obra de arte de su contexto social y económico, pero estoy convencido que el diálogo debe darse entre el observador y el objeto, sin tener como filtro  un grupo de yuppies transgresores con los que nadie tiene nada en común, excepto los miembros de su propia corriente.

Tengo la sensación de que el poder mediático de Hirst le permite forzar la apreciación artística… pero igual y sólo soy yo.

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Posted in: Malaondés