Latinoamérica

Posted on marzo 5, 2008

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Estoy terriblemente deprimido por la situación entre Ecuador, Venezuela y Colombia. Mi personalidad fatalista me lleva usualmente a pensar en el peor de los escenerarios. Y es que cuando los países latinoamericanos se pelean entre ellos o contra sí mismos suelen ser bastante crueles, tienen esa misma saña que uno a veces nota frente al espejo cuando se recrimina los defectos. En fin cualquier otra cosa que diga carecerá de sentido debido a mis pretensiones de analista político limitado.

La onda es que entre la tristeza de ver las noticias me acordé de una antología de poesía latinoamericana, cuyos participantes tienen la  característica de ser todos guerrilleros muertos en alguna de las distintas revoluciones que ocurrieron a partir de los 50 en el continente. Es una recopilación totalmente desgarradora hecha por Mario Benedetti,  en donde los combatientes (todos ellos muy jóvenes) les hablan a sus hijos, novias, esposas, madres y padres, loros, hamsters y conejitos de ojos grandes y brillosos (eso del amarillismo se me da). Algunos más tristes incluso a la patria, que algunos ahora dan por muerta sin ninguna consideración.

A continuación una primera selección de los poemas de estos personajes que construyeron lo que hoy apenas se sostiene. Bien amarillista porque mi indignación es mucha, después pondré otra más calmada.

¿Y si no regresara?

Si algún día regreso

Volveremos al campo

Y marcharemos juntos

Por el mismo camino

Que un día recorrimos

Cogidos de las manos

En el último abril

De nuestra dicha.

Quizás será otro abril

Caluroso y florido.

Se unirán nuestros pasos

En la alfombra de polvo

Cruzaré los cercados

Del pueblo vecino

Para cortar racimos

De flores amarillas

Que pondré en tus manos.

Le robaré al malinche

Sus bellas flores rojas

Que prenderé en tu pecho.

Bajaremos al río

Y en sus aguas tranquilas

Mojaremos las manos…

¿Y si no regresara?

¿Si no volviera nunca?

No importa. Vete al campo

Y lleva a nuestro hijo

Por el camino viejo

Que un día recorrimos;

Haz que corte al malinche

Sus bellas flores rojas

Para adornar tu pecho

Y cruce los cercados

Del potrero vecino

Para llevarte ramos

De flores amarillas.

Baja, con él al río

Y mójale las manos.

En el agua tranquila sentirás mi presencia

Que llenará los cauces abiertos por mi asuencia.

Edwin Castro (Nicaragua)

Cárcel de la Aviación, 1958

 

 

El Descanso del Guerrero

Los muertos están cada día más indóciles

Antes era fácil con ellos:

Les damos un cuello duro o una flor

Loábamos sus nombres en una larga lista:

Que los recintos de la patria

Que las sombras notables

Que el mármol monstruoso

El cadáver firmaba en pos de la memoria

Iba de nuevo a filas

Y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero que va

Los muertos

son otros desde entonces

Hoy se ponen irónicos

Preguntan.

Me parece que caen en la cuenta de ser cada vez más la mayoría.

Roque Dalton.

(El Salvador)

…?

La dama blanca besó mi frente

Con beso casto, beso de hermano.

Besa la frente, la dama blanca

A los que deben morir temprano.

La sombra juega con mis cabellos,

Pasa por ellos su negra mano,

Con los cabellos juega la sombra

De los que deben morir temprano

Extraña ansia siento en mi pecho,

Mi frente intenta buscar en vano,

Siento en mi pecho la extraña ansia

De los que deben morir temprano.

Nada me importa lo que suceda,

De todo ello me siento ufano.

¡Lo que suceda qué les importa

A los que deben morir temprano!

Agustín Gómez- Lubián

(Cuba)

Oigo a Bob Dylan y ella

Oigo a Bob Dylan y ella

A una distancia de respiro

Duerme un minúsculo sueño

Suspira la siesta

Al entrar en otro tiempo

Escribo:

La paz vendrá con la liberación

Entonces ella

No duerme y se despierta

Para soñar mejor.

Ibero Gutiérrez

(Uruguay)

Carta mínima a mi mujer

Si rematan, quiero que sepan que he vivido

En la lucha por la vida y por el hombre.

Un mundo de todos para todos.

Si me matan, una rosa roja

Modelo de mi corazón

Es el amor que te dejo.

Si me matan, es igual.

No veré el maíz a la orilla de todos los caminos

Ni el rastro de ternura para los pies descalzos

Pero sé que vendrá.

Si me matan, no importa

Nuestra causa seguirá viviendo

Otros la seguirán.

El porvenir es brillante.

Ricardo Morales

(Nicaragua)

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