Fair Court

Posted on marzo 3, 2008

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Como soy un pequeñoburgués asqueroso tengo la (¿gran?) oportunidad de tener clases de Derecho Constitucional con un ministro de la Suprema Corte de mi país. Es un tipo muy sabio que me genera reacciones encontradas. Para entender porqué, se necesita un pequeño background: digamos que si alguna autoridad prepotente, de esas que casi no hay en los países latinoamericanos, abusa de mí de cualquier manera, la tarea de mi maestro sería defender mis derechos sobre todas las cosas llegada la oportunidad. Por supuesto, asumiendo que ninguno de los dos desapareciera misteriosamente en el camino.

De una manera no egocéntrica esto quiere decir que cualquier persona o grupo de personas que ingenuamente continúe confiando en el sistema de impartición de justicia de mi país, tiene a mi maestro junto a otros 10 viejitos(as) calvos(as) de columnas gelatinosas fungiendo como guardianes(as) de sus “garantías individuales”, (junto con el orgasmo, el otro invento de origen francés que el 80% de la población mundial ni siquiera conoce).

No tengo ninguna intención de entrar en una discusión bizantina sobre el desempeño de la Corte o el grado de seguridad jurídica gozado por los habitantes de mi país. Mi intención es mucho más inocente, quiero desembarazarme un poco de la enorme preocupación que siento cuando un individuo que tiene ese grado de incidencia política participa cínica y semanalmente en conversaciones como la siguiente:

Alumna insoportable 1: Profesor, si las constituciones supuestamente tienen que reflejar o contener los factores reales de poder presentes en una sociedad, ¿qué pasa cuando no es de esa manera?

Ministro de la SCJN: Pues… pueden pasar muchas cosas, pueden ir a tirar tierra a las puertas de la Suprema Corte. O quemar efigies de los ministros y después pegarles como piñatas, ja-ja. O aventarnos tomates. O puede desgajarse completamente el país, ja-ja. Incluso estallar una guerra civil, ja-ja.

Luego el honorable ministro se levanta y hace bromas sobre su hábitos universitarios, mientras yo me muero de gastritis pensando en la ligereza con la que habla de la posibilidad de una guerra civil, por demás real.

Quiero pensar que los comentarios sarcásticos de mi maestro van dirigidos a no perder la atención de 28 yuppies adolescentes, pero cada semana van subiendo de tono y horripilantez política, por lo que al final del semestre podríamos sin duda estarnos riendo de los palestinos.

Mi preocupación tiene dos vertientes:

a) El cinismo de mi maestro NO ES estrategia de autopormoción, sino su personalidad REAL, en cuyo caso mi país está perdido y los ministros deberían ser colgados en un acto público.

b) El cinismo de mi maestro ES estrategia de autopromoción, pero su constante práctica resultará en que esa se vuelva su personalidad REAL, en cuyo caso mi país está perdido y los ministros deberían ser colgados en un acto público.

Eso es todo sobre ese tema. Por otro lado, hoy cerré un ciclo importante de mi vida y estoy absolutamente traumatizado:

Le quité los balazos de calcomanía a mi auto.

Pasé cerca de 1 hora tallando con un trapo no abrasivo y jabón especial un área equivalente al 1% de mi carro, mientras sentía como se iba por la coladera lo poco que me quedaba de personalidad junto con los restos de calcomanías. Siento que tengo 10 años más.

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